PRESENTA EUROPA CRISIS DE ABEJAS

 

Muchos agricultores, ambientalistas y científicos europeos lamentan la desaparición progresiva de las abejas y el riesgo que eso implica para el proceso de polinización y la producción de frutas y verduras.

Mientras tanto, la expansión de la apicultura en todo el mundo ha propiciado la multiplicación de las abejas de la miel en los últimos diez años. ¿Una paradoja? Para nada, asegura Peter Rosenkranz, de la Universidad de Hohenheim, en Alemania. “El 95 por ciento de las poblaciones de abejas están en manos de apicultores”, refiere el biólogo.

Pero, aunque los apicultores deciden cuántas abejas revolotean en qué praderas, estos registran grandes pérdidas cada año. Los insectos se ven debilitados por el uso de químicos en los campos y por la varroa, un parásito que ataca tanto a las abejas de la miel adultas como a las jóvenes y las larvas.

A finales de otoño y en invierno desaparecen numerosas colonias –en algunos años hasta el 30 por ciento de ellas– que luego deben ser sustituidas por los apicultores. Más dramática es la suerte que están corriendo las abejas silvestres.
Adiós a los pesticidas y fertilizantes

Rosenkranz y otros científicos acaban de publicar un estudio en la revista online Plos One que busca estimular el interés por la crisis que atraviesan las poblaciones de abejas –explicando la importancia de éstas para la vida humana y las actividades económicas– y, al mismo tiempo, demostrar la viabilidad de una estrategia para que la cantidad de abejas en Europa vuelva a crecer. El grupo de expertos ha concebido un programa éticamente solvente, en términos ecológicos, y potencialmente rentable para quienes participen en él.

Las abejas son animales laboriosos; se pasan el día fecundando plantas mientras recolectan polen para sus colmenas. Así, el apicultor obtiene miel y el agricultor obtiene cosechas valiosas. Es una situación ganar-ganar, explica Rosenkranz.

Pero, ¿por qué darse por satisfecho con las ganancias actuales cuando existen posibilidades de aumentar el rendimiento de las tierras sin recurrir ni a los pesticidas ni a los fertilizantes que debilitan a las abejas e inciden negativamente sobre el medio ambiente?

La meta de los científicos es convencer a los agricultores de que lo único que deben hacer es incrementar el número de abejas en circulación para fecundar más plantas de colza, girasol y maíz, la materia prima destinada a la producción de combustible biológico.

Según Rosenkranz, los beneficios generados por los sembradíos de colza pueden verse aumentados en un 30 o un 40 por ciento cuando las poblaciones de abejas se disponen de una manera planificada. Los agricultores deben comprarles a los apicultores las colmenas que necesiten. Del resto se encargan las abejas.

La polinización como servicio es una tendencia naciente en Europa, señala Rosenkranz. En otras regiones –como en Estados Unidos y China– esa práctica ya se ha difundido ampliamente. Una cuestión clave es: ¿qué planta se necesita para alcanzar qué objetivo? Las plantas de colza y girasol son más atractivas para las abejas y, en consecuencia, mejores para la producción de miel. Lamentablemente, los agricultores europeos tienden a sembrar maíz con mayor profusión para producir combustible biológico.

Rosenkranz explica que, como el maíz no atrae mucho a las abejas, los apicultores tampoco ganan dinero con su cultivo. Por eso, los científicos han hecho un llamado para que los agricultores siembren plantas llamativas para las abejas e igualmente explotables como materia prima para el combustible biológico.

Hay suficientes opciones. En teoría, los campos de flores mixtas sirven para producir combustible. Las ganancias serían entre un 30 y un 40 por ciento menores, pero ese tipo de plantas permitiría abandonar los monocultivos y son más saludables para las abejas.

Sabiendo que los agricultores no están dispuestos a perder ni el 5 por ciento de sus ingresos por amor al medio ambiente, los científicos del Centro de Tecnología para la Agricultura (LTZ) de Augustenberg están probando diferentes mezclas de plantas florales. Por un lado, el conjunto ideal de flores debe atraer a las abejas y tener efectos ecológicos extraordinariamente positivos; por otra parte, la mezcla ideal de flores debe ser apta para una producción rentable de combustible biológico.

Fuente: DW

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