DINKS, OTRO MODELO DE PAREJA

Los continuos cambios sociales de los últimos años han convulsionado la tradicional estructura familiar. Al modelo monoparental se suman los dinks, parejas que rompen el estereotipo de la familia feliz con hijos. Su forma de vida y manera de pensar ya han levantado ampollas en la sociedad mexicana, que les lanza severas críticas.

¿Por qué se les llama dinks? Este término se deriva de la frase inglesa Double Income, No Kids, que significa: doble ingreso y sin hijos. En realidad, no son una generación, ni constituyen una categoría de límites definidos que pueden cuantificarse en cifras y no forman ningún clan, sino sencillamente son parejas alternativas a las tradicionales.

“Las relaciones dink han conquistado cada vez más espacios a nivel mundial. Tuvo inicio en la mentalidad de los hombres, quienes empezaron a retrasar el nacimiento de sus hijos hasta decidir no tenerlos. En los últimos años, las mujeres han seguido este modelo y tienen más interés en formar una vida en pareja que una familia, y los hombres son quienes muchas veces les dan gusto; finalmente para el género masculino es más fácil renunciar a la paternidad”, indica el doctor José de Jesús González Núñez, director del Instituto de Investigación de Psicología Clínica y Social y catedrático de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Existen infinidad de argumentos conscientes e inconscientes que motivan a una persona o pareja a decidir no tener hijos y debido a que es una decisión trascendental, existen muchas cuestiones que generan ambivalencia, duda e incertidumbre sobre la conveniencia o no de procrear.

“Lo más básico es la postergación de la maternidad, pues la mujer ya no tolera interrupciones que fracturen sus estudios o desarrollo profesional. Y el fenómeno dink, como tal, ha ido surgiendo como pacto, y hay quienes están inmersos en él con toda conciencia y dominio”, explica el psiquiatra y psicoanalista Giuseppe Amara Pace, egresado de la Universidad de Roma y con estudios en el Instituto Mexicano de Psicoanálisis, donde fue discípulo del pensador alemán Erich Fromm.

Decisión compartida
Las razones para no tener hijos son diversas, ya sea por problemas económicos, preocupación por no poder educarlos de manera adecuada o angustia de traerlos a este mundo tan inhóspito. Y desde otra perspectiva, muchas parejas ahora toman sus decisiones de manera libre y ya no se dejan influir por presiones sociales que, de antaño, han estipulado que el objetivo de toda unión amorosa es la procreación.

Hay mujeres que no sienten un instinto maternal o no se encuentran aptas para llevarlo a cabo, así como hombres que tampoco son paternales. Esta es la otra cara de la moneda, con frecuencia oculta e inaceptable para nuestra sociedad.

De acuerdo con el último Informe de Ejecución del Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, editado por el Consejo Nacional de Población (Conapo), los hogares mexicanos constituidos por parejas sin hijos se han incrementado ligera pero sistemáticamente. Desde luego, el fenómeno dink aún está muy lejos de acercarse a los niveles de países, como Suiza, Australia, España, Francia o Italia.

Al respecto, el doctor Amara Pace indica que dicha situación no se ha extendido en México con la misma magnitud que en los países europeos porque todavía está muy arraigado el rol tradicional de la maternidad como misión de vida. “Muchas mexicanas difícilmente renuncian a ella, aunque puede apreciarse que las universitarias ya la trasladan a segundo o tercer plano”.

Y agrega que en el país es más frecuente que uno de los miembros de la pareja no quiera tener hijos. Muchas veces se trata de un acto de amor paradójico, pues hay quienes consideran que la situación mundial y nacional cada vez va a ser peor debido a los índices elevados de violencia e inseguridad en las calles, la situación económica precaria y la creciente falta de empleo. Entonces llegan a expresar lo siguiente: “Si el niño o niña va a enfrentarse a situaciones hostiles y experimentar lo que he vivido, ¿para qué lo traigo al mundo?”.

“Considero que en México la extensión del fenómeno dink está fuerte. Aunque hay mujeres que todavía se resisten a renunciar a la maternidad, podría decir que dos de cada 10 no quieren tener hijos, y esto es considerable en nuestro medio. Además, mientras siga habiendo dificultades laborales y en el trato humano, así como inseguridad, cada vez se incrementará más esta tendencia”, acota el doctor González Núñez.

Ahora bien, otro factor que destaca el doctor Amara Pace es la competitividad moderna, la cual sustenta el bienestar en el éxito personal y profesional. De esta manera, mujeres y hombres se empeñan en tener una carrera, desarrollo laboral, buena remuneración económica, casa propia, automóvil y oportunidades para viajar y divertirse.

La sociedad no perdona
Cuando una pareja no tiene hijos, con frecuencia se le considera infeliz, incompleta, vacía y no realizada, aunque también le ponen la etiqueta de egoísta o anormal. La sociedad hostiliza a la pareja, pues no le perdona que renuncien a ser los “guardianes” de la especie. Así, es común escuchar comentarios como “ha de ser lesbiana”, “seguro se casó con un gay”, “nunca lograrán su realización”, “¿no quieren tener hijos o no pueden?”, “no van a ser felices”, “¿no eres lo suficientemente hombre como para embarazarla” o “no sirves como mujer”.

Sea cual fuere la decisión que tomen las parejas sobre tener hijos o no, es esencial que lo hablen y pongan sobre la mesa sus expectativas acerca de la maternidad y paternidad. Ello les permitirá tomar una decisión conciente y madura.

Karina Galarza Vásquez

 
 
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