INSERCIÓN LABORAL, CADA VEZ MÁS DIFÍCIL EN MÉXICO: UNAM

Las posibilidades de ingresar en condiciones adecuadas al mercado laboral son cada vez más reducidas. Actualmente, los jóvenes tienen menos oportunidades de insertarse en puestos de calidad que los de generaciones anteriores, según los estándares de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), advirtió Fiorella Mancini, del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM.

Hoy es más difícil incorporarse en plazas de calificación alta y el primer empleo en México está caracterizado por una baja calificación. Los hombres se ocupan como ayudantes en fábricas, la construcción, en el comercio o en el sector de servicios personales y las mujeres en tareas domésticas, de apoyo administrativo o en establecimientos comerciales, explicó en la mesa redonda Trabajo y Mercado Laboral en México. Cambios y Continuidades, del ciclo Temas Actuales de la Sociedad Mexicana.

“Está demostrado que las posibilidades de colocarse en plazas de calidad a lo largo de la trayectoria laboral depende de las características del primer empleo”, sostuvo en la Casa Universitaria del Libro, en ocasión del Día del Trabajo, que se conmemora este 1 de mayo.

Las probabilidades se han reducido por el deterioro de las condiciones, los salarios, las prestaciones y por el aumento del trabajo informal. Estos cambios perjudican en especial a los jóvenes, reiteró en la charla La dificultad de ser un recién llegado al mercado de trabajo.

Esto acentúa la polarización y desigualdad social, más allá de los procesos de precarización e informalidad de la economía. La dificultad de ingreso es un problema estructural y no coyuntural que pueda resolverse con la superación de una crisis, estableció.

Características del primer empleo
De acuerdo a la Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) 2011, con información relevante de tres generaciones de mexicanos nacidos entre 1951-1953, 1966-1968 y 1978-1980, la inserción laboral de los 18 a los 29 años aumentó de 36 a 49 por ciento entre la primera y tercera generación.

A partir de la segunda, los hombres jóvenes se ocupan por primera vez, principalmente en trabajos manuales con baja calificación, con las peores condiciones laborales, destacó. El sector de la construcción y la industria manufacturera son vías fundamentales de entrada entre los varones de las tres generaciones. La fuerza femenina es absorbida, principalmente, por el comercio, detalló.

Desde hace cuatro décadas las tendencias son diferentes por sexo. Por parte de ellos se observa una mayor pauperización y un aumento de la calificación y formalización entre ellas, que ingresan más tarde y con mayor nivel educativo. Se trata de un proceso arduo para los hombres, porque el sector femenino entra con mejor preparación y condiciones.

Los retornados
En su oportunidad, Luciana Gandini, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de esta casa de estudios, indicó que las posibilidades de encontrar un empleo de calidad se reducen para los mexicanos que vuelven al país después de ser deportados de Estados Unidos, al rebasar los 30 años y tener una preparación académica más alta.

En 2010, un total de 826 mil 609 personas regresaron a territorio nacional en un contexto de crisis que agudizó el reforzamiento de las fronteras para evitar el paso a los indocumentados con más habilidades y niveles de formación, refirió.

La reinserción laboral de los retornados, en su mayoría entre los 30 y 44 años, es más complicada al pagar el costo de salir del país y entrar por primera vez a nuestro mercado laboral. Han perdido redes y vínculos y se ubican en trabajos por cuenta propia para conformar el grupo más heterogéneo, que incluye a profesionistas en plazas precarias, informales y en el comercio ambulante.

Los focos de atención están entre los que no estudian ni trabajan. Se requieren políticas integrales de estímulo y protección y diseñar programas específicos orientados a la atención de esta problemática. A México le toca abordar el tema de los retornados como una parte más de los procesos de migración, recomendó. 

Mauricio Padrón Innamorato, del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ), aseveró que es necesario conciliar los ámbitos familiar y laboral a partir del tiempo que dedican mujeres y hombres a cada una de sus responsabilidades en el hogar y el trabajo. 

Las tensiones generan altos costos para las mujeres que se incorporan al mercado. En México, ellas dedican seis horas semanales a labores no remuneradas, en comparación con las dos que invierten ellos, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), refirió.

El papel del Estado debería ser estratégico en la regulación de este conflicto derivado de una postura pasiva con regulaciones difusas, indirectas y débiles. Los marcos legales tienden a centrarse en demandas conciliatorias específicas relacionadas con el embarazo y la maternidad, detalló.

Las tensiones refuerzan las desigualdades sociales, económicas y de género y reproducen condiciones de vulnerabilidad, discriminación y exclusión. Para evitar las amenazas a la cohesión social se requieren políticas con enfoque de derechos humanos que respondan a las necesidades de conciliar el ámbito familiar con el trabajo, concluyó.

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